
Putin supervisa el lanzamiento de un misil intercontinental en medio del estancamiento diplomático con Washington y el colapso de los preparativos para la cumbre con Donald Trump.
Rusia llevó a cabo una serie de ejercicios estratégicos a gran escala que involucraron todos los componentes de su llamada “tríada nuclear”: fuerzas terrestres, navales y aéreas.
Durante las maniobras, se lanzó un misil balístico intercontinental Yars desde el cosmódromo de Plesetsk, en el norte de Rusia, hacia el campo de pruebas de Kura, ubicado en la península de Kamchatka, una región cercana a Alaska y, por lo tanto, a la frontera con Estados Unidos.
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El presidente Vladimir Putin supervisó personalmente el lanzamiento, en una clara demostración de poder militar y capacidad de disuasión.
Los ejercicios se desarrollaron en medio del aumento de las tensiones con Washington y del colapso de los preparativos para la cumbre planificada entre Putin y Donald Trump, que debía simbolizar un posible deshielo diplomático entre ambos líderes.

Analistas occidentales interpretaron las acciones del Kremlin como un gesto de provocación directa. “Putin se burla de Trump — parece que Moscú está rogando por Tomahawks”, comentó un observador político estadounidense, en referencia a los misiles de crucero estadounidenses Tomahawk, frecuentemente asociados con respuestas militares rápidas de Estados Unidos.
Las maniobras refuerzan la percepción de que la rivalidad nuclear entre Rusia y Estados Unidos ha vuelto al centro de la política internacional, con ambas potencias exhibiendo públicamente sus capacidades estratégicas en medio del deterioro del diálogo diplomático.

Fuente e imágenes: Telegram @mod_russia. Este contenido fue creado con la ayuda de la IA y revisado por el equipo editorial.
